Presencia Misionera México Candelaria

México - "Comunidad de Candelaria"

NUESTRA COMUNIDAD

En octubre de 2005, la Provincia de Guadalupe asumió la misión de acompañar a nuestros hermanos indígenas de Chiapas en la Diócesis de San Cristóbal de las Casas.

Nuestra comunidad está inserta en el Ejido de Candelaria, una de las 67 comunidades que conforman la Parroquia de San Juan Diego, lugar en donde prestamos más directamente nuestros servicios pastorales. La población de la parroquia es de origen Tsotsil Chamula, y geográficamente se encuentran alrededor de San Cristóbal de las Casas, en donde está la sede parroquial. Nuestra misión como agentes de animación y coordinación pastoral de la parroquia, en unión con los frailes dominicos y otros agentes del equipo Tsotsil, es construir juntos una “Iglesia en comunión, servidora, autóctona y liberadora”.

La parroquia en donde realizamos la misión, está caracterizada por una realidad muy compleja debido a la situación dura de muchos hermanos indígenas. Gran número de ellos han sido desplazados de sus tierras; otros han migrado a la ciudad o a los Estados Unidos buscando mejorar su economía. También hay problemas de división entre ellos generados por las diferencias ideológicas, políticas y religiosas.

En las comunidades, muchas familias sufren de pobreza extrema, pero esto no obstaculiza su generosidad, entrega sin límites ni su compromiso cristiano, pues con gran satisfacción somos testigos de la radicalidad de su respuesta en el seguimiento de Jesucristo a través de la vivencia de los diferentes apostolados asumidos con responsabilidad dentro de las comunidades.

Inmersas en una realidad cruda y de dolor por la situación de exclusión y extrema necesidad material de muchos de nuestros hermanos, podemos palpar al mismo tiempo la fe inquebrantable de muchos de ellos que les permite vislumbrar un horizonte lleno de esperanza y por el cual se comprometen para construir cada día el mundo que quieren heredar a las próximas generaciones. Día a día, animados por la Palabra de Dios y la confianza en María de Guadalupe, que no desampara a sus hijos, los hermanos van transformando su realidad a través de los valores evangélicos.

Para nosotras, estar aquí es una verdadera experiencia de Dios. Los hermanos, desde su profundidad se convierten en verdaderos maestros de espiritualidad y ejemplos de una vida vivida integralmente y en armonía. Desde su pobreza y sencillez nos enseñan lo que realmente es necesario y nos invitan a caminar con ellos en la fe y el compromiso con Dios. Ellos nos han abierto no sólo las puertas de su casa sino de su corazón… con mutuo cariño y respeto compartimos las alegrías, penas, fe, luchas… eso nos permite experimentarnos fortalecidas para continuar caminando con ellos.