Nuestra Fundadora

MARIE POUSSEPIN "APÓSTOL SOCIAL DE LA CARIDAD"

El 14 de octubre de 1653, las campanas de la iglesia de San Pedro de Dourdan, en Ile de Francia, repicaban por el bautismo de una niña: Marie Poussepin. Tres siglos más tarde, su nombre sería conocido desde las Américas hasta la India, en el corazón de África y Europa, en múltiples y variados países y culturas.

Nacida en una familia cristiana y laboriosa, dedicada a la confección de medias de seda tejidas a mano, desde muy niña es iniciada en la práctica de la caridad, cuando acompaña a su madre a las casas de los pobres enfermos de la Cofradía de Caridad que había sido fundada por un discípulo de San Vicente de Paúl. Más tarde llegará a ser tesorera y luego responsable de la Cofradía.

También será responsable de la casa familiar y después del taller, a la muerte de su padre. En 1685, abierta a las perspectivas del futuro, se propone transformar la empresa un poco rudimentaria, en una fábrica de medias de lana tejidas a máquina; para esto contrata aprendices de 15 a 20 años y ejerce junto a ellos una acción social adelantándose a su tiempo pues suprime el impuesto de aprendizaje, otorga la prima de producción, promueve a través del trabajo. Esta “revolución industrial” afianza el desarrollo económico de la ciudad de Dourdan y llega a ser la segunda ciudad industrial del Reino Francés.

La vida de Marie Poussepin durante todos estos años, se alterna entre sus tareas profesionales, sus actividades caritativas, su dedicación a la parroquia y su pertenencia a la Tercera Orden de Santo Domingo de la cual nutre su espiritualidad. En 1691, renuncia a la empresa a favor de su hermano, y hace experiencia de soledad y de constancia en la entrega diaria, retirándose del mundo y acogiendo en su misma casa a una mujer pobre y enferma, Marie Olivier, de quien se ocupa hasta que muere.

Pero el año 1696 marca el gran cambio de su vida: una vocación totalmente orientada a Dios y a los demás. Se retira a Sainville, en la Beauce, Francia, para fundar una Comunidad de la Tercera Orden de Santo Domingo, para la instrucción de las niñas y el servicio de los pobres enfermos del campo. Así da a la Iglesia la primera “Hermana de la Caridad Dominicana”

A esta “obra de la Providencia” dedica su patrimonio, su tiempo, sus fuerzas vivas. Muy pronto puede enviar a otras parroquias las jóvenes que ella ha formado en un estilo de vida fraterna y orante, en la sencillez, en el trabajo, en la acción educativa y hospitalaria. De muchas diócesis llegan peticiones y el bien se extiende…

Marie Poussepin enseña que el servicio de caridad debe estar en relación directa con la intensidad de la contemplación y el anuncio de la Palabra. Ella quiere llevar por todas partes el “conocimiento de Jesucristo y de sus misterios” y la devoción a la Virgen María en el Misterio de su Presentación. Al final de una larga existencia, 90 años, Marie Poussepin descansa en la paz de Dios el 24 de enero de 1744. Deja un centenar de hermanas en veinte comunidades repartidas en seis diócesis.

Perfil de Marie Poussepin

Humana, con una aguda sensibilidad. Hija cariñosa. Abnegada hermana mayor, Industrial inteligente, organizada y dinámica. Fundadora de “Una Comunidad de la Tercera Orden de Santo Domingo, para utilidad de la parroquia, para la instrucción de la juventud y el servicio de los pobres enfermos.”

La rica sensibilidad humana de Marie Poussepin sintoniza de manera admirable con la enseñanza de Juan Pablo II en su encíclica “Redentor del Hombre” cuando dice: “El hombre es el primer camino fundamental que la Iglesia debe recorrer en el cumplimiento de su misión” (RH 14).

Femenina. Su papel de hija y hermana mayor, prematuramente responsable del hogar, a la muerte de sus padres, acrecienta su capacidad de servicio generoso, de entrega constante, delicadeza, pulcritud, previsión intuitiva y prudencia evangélica.

Sencilla y humilde. En el trato con los demás, aprendemos que la sencillez es el rostro de las almas grandes. Enseñó la sencillez porque la vivió. Quería una piedad sencilla, clara y profunda y la encontró en la espiritualidad de Santo Domingo de Guzmán.

Amable. La delicada amabilidad de Marie Poussepin, es consecuencia de su humilde sencillez y de su determinada opción por Jesucristo, modelo acabado de caridad hacia el Padre y hacia los hombres.

Trabajadora. Reorganizó los talleres familiares, no sólo para cuidar de los suyos, sino para crear fuentes de empleo justamente remunerado. Mejoró la capacitación integral de sus obreros, y evangelizó desde la industria de tal manera, que puso las bases de la teología del trabajo.

Pobre. Depositó su confianza en el Señor, y no en las riquezas materiales. De allí su incondicional disponibilidad a la acción del Espíritu.

Caritativa. La llamaban en su cuidad “La Señora de la Caridad”. Dejó dicho a sus hijas que “la caridad debe ser el alma de la comunidad”.

Sabiduría espiritual. Con ese don del Espíritu, Marie Poussepin construyó el Reino de Dios a lo largo de 90 años, siendo fuerte ante los sufrimientos que tuvo que soportar, y ante las dificultades que se convirtieron en nuevas oportunidades para crecer y madurar en las virtudes humanas y cristianas.1

Marie Poussepin trazó un camino… otras, herederas de su espíritu y de su carisma, siguiendo sus huellas, nos esforzamos para responder a las llamadas de su tiempo, y a la urgencia de la evangelización, manteniendo, como en los orígenes la prioridad por los pobres, dentro de una gran diversidad de compromisos y actividades apostólicas.

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